
En una cocina profesional es fácil que el aceite de fritura entre en contacto con agua. Puede ocurrir durante la limpieza de una freidora, al vaciar un recipiente o simplemente por almacenar el residuo de manera inadecuada.
Pero ¿qué importancia tiene realmente que el aceite usado se mezcle con agua?
Más de la que parece.
El aceite vegetal usado se recoge precisamente porque puede ser valorizado y utilizado como materia prima para diferentes procesos industriales. Entre sus posibles destinos se encuentra la producción de biocombustibles, además de otros productos químicos.
Para que estos procesos sean eficientes, sin embargo, es importante que el residuo llegue en unas condiciones adecuadas.
El agua no convierte automáticamente el aceite usado en un residuo inútil, pero sí puede complicar su almacenamiento, transporte y tratamiento posterior. Cuanto más contaminado esté el residuo con agua, restos de alimentos u otras sustancias, más complejo puede resultar acondicionarlo antes de su valorización.
El Ministerio para la Transición Ecológica recomienda la recogida separada de los aceites de cocina usados y señala que, después de su recogida, pueden recibir tratamientos destinados a la producción de biocarburantes, jabones y otros productos industriales.
Por eso, en una cocina profesional hay una regla sencilla que puede marcar la diferencia: el aceite usado debe mantenerse separado. No conviene utilizar el recipiente del aceite como si fuera un cubo de residuos líquidos donde puedan acabar agua, detergentes, restos de comida u otros productos.
También es importante dejar enfriar el aceite antes de manipularlo y utilizar recipientes adecuados, cerrados y estables. De esta forma se reducen tanto los riesgos de accidentes como las posibilidades de contaminación del residuo.
Y existe otra razón para prestar atención a este proceso: el aceite que no se gestiona correctamente puede acabar en la red de saneamiento.
Según el Ministerio para la Transición Ecológica, el vertido de aceites de cocina por fregaderos e inodoros puede provocar atascos, incrementar los costes de depuración y perjudicar los ecosistemas acuáticos.
La separación correcta empieza, por tanto, en la propia cocina. Una vez que el aceite usado se deposita en el recipiente correspondiente, el gestor puede recogerlo y llevarlo a las instalaciones donde se acondicionará para su posterior valorización.
Y aquí aparece una idea importante para la hostelería: reciclar no empieza cuando el camión recoge el aceite. Empieza en el momento en que el restaurante decide cómo almacenar ese residuo.
Un gesto tan sencillo como mantener el aceite separado del agua ayuda a conservar la calidad de una materia prima que puede volver al sistema productivo en forma de nuevos productos y combustibles renovables.