¿Es sostenible todo lo que se llama biocombustible? Diferencias entre primera y segunda generación

La expansión agrícola puede contribuir a la deforestación o a la pérdida de ecosistemas naturales. Fuente de la imagen: Pixabay

Durante los últimos años, los biocombustibles se han presentado como una alternativa para reducir las emisiones del transporte. Sin embargo, bajo el término «biocombustible» se agrupan productos muy diferentes entre sí, con impactos ambientales y sociales también muy distintos. Por eso, cuando se habla de sostenibilidad, conviene distinguir entre los llamados biocombustibles de primera generación y los de segunda generación.

Biocombustibles de primera generación

Los biocombustibles de primera generación se producen a partir de cultivos agrícolas destinados específicamente a la producción energética. Entre las materias primas más habituales se encuentran el maíz, la caña de azúcar, la colza, la soja o el aceite de palma.

Su principal ventaja es que permiten sustituir parcialmente a los combustibles fósiles. Sin embargo, han generado importantes críticas porque pueden competir con la producción de alimentos y aumentar la presión sobre los recursos agrícolas disponibles.

Además, diversos estudios han señalado que algunos cultivos utilizados para producir biocombustibles pueden provocar cambios indirectos en el uso del suelo. Esto ocurre cuando la expansión agrícola desplaza otros usos del terreno, contribuyendo a la deforestación o a la pérdida de ecosistemas naturales.

Biocombustibles de segunda generación

Frente a este modelo aparecen los biocombustibles de segunda generación. Estos se elaboran a partir de residuos o subproductos ya existentes, como aceites de cocina usados, grasas animales, residuos forestales o determinados residuos agrícolas.

Su principal ventaja es que aprovechan materiales que ya han cumplido una función previa. En lugar de generar nuevas necesidades de cultivo, permiten transformar residuos en energía, favoreciendo los principios de la economía circular.

En el caso del aceite vegetal usado procedente de restaurantes y cocinas industriales, su valorización energética evita problemas ambientales asociados a una gestión incorrecta y permite producir combustibles renovables con reducciones significativas de emisiones respecto al diésel convencional.

Por este motivo, la legislación europea está favoreciendo especialmente el desarrollo de los biocombustibles avanzados frente a aquellos obtenidos de materias primas alimentarias.

La combinación de tecnologías

Aun así, tampoco los biocombustibles de segunda generación son una solución mágica. La disponibilidad de residuos es limitada y no podrá sustituir por completo el consumo actual de combustibles fósiles.

La transición energética probablemente requerirá una combinación de tecnologías: electrificación, eficiencia energética, hidrógeno renovable y combustibles producidos a partir de residuos.

Lo que parece claro es que, desde una perspectiva ambiental, aprovechar recursos ya existentes suele ser una opción más sostenible que destinar nuevas superficies agrícolas a la producción energética.

Fuentes: Comisión Europea – Renewable Energy Directive (RED III) y Agencia Internacional de la Energía (IEA)