
Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de reciclar aceite de cocina usado, el destino que primero venía a la cabeza era el biodiésel para vehículos. Sin embargo, el mercado está cambiando. El mismo residuo que genera una freidora de un restaurante puede convertirse también en materia prima para fabricar combustibles destinados a la aviación. Y esto está aumentando el interés por el aceite vegetal usado en todo el mundo.
El combustible sostenible de aviación, conocido como SAF por sus siglas en inglés, es una de las principales alternativas que está estudiando el sector aéreo para reducir sus emisiones. A diferencia de los coches, los aviones comerciales tienen enormes dificultades para electrificarse debido al peso y la densidad energética de las baterías. Por eso, los combustibles líquidos renovables tienen un papel especialmente importante en la transición de la aviación.
La Unión Europea ha establecido objetivos crecientes para el uso de combustibles sostenibles en los aeropuertos europeos a través de ReFuelEU Aviation. Una parte de las materias primas que pueden utilizarse para producir estos combustibles procede precisamente de residuos y aceites usados.
Esto está generando una consecuencia interesante: el aceite usado tiene que repartirse entre diferentes mercados.
Por un lado, existe una demanda creciente para producir biodiésel y HVO destinados al transporte por carretera. Por otro, las nuevas obligaciones para la aviación están aumentando el atractivo del aceite usado como materia prima para producir SAF.
La Agencia Internacional de la Energía ya advierte de que las grasas, aceites usados y otros residuos están sometidos a una demanda especialmente elevada por parte de diferentes sectores de los biocombustibles. El problema es que estos recursos no son infinitos.
El Joint Research Centre de la Comisión Europea también señala que el consumo europeo de biocombustibles avanzados se ha multiplicado por cuatro entre 2019 y 2023, superando los 4 millones de toneladas equivalentes de petróleo. Al mismo tiempo, advierte de la necesidad de mejorar la trazabilidad y evitar fraudes relacionados con materias primas residuales importadas.
Para la hostelería, todo esto tiene una lectura sencilla: el aceite que termina hoy en el contenedor de un restaurante puede formar parte de una cadena energética mucho más amplia de lo que parece.
Por eso, recoger correctamente cada litro no es únicamente una cuestión de gestión de residuos. Es también una manera de conservar una materia prima limitada que puede contribuir a descarbonizar algunos de los sectores del transporte más difíciles de transformar.