¿Es mejor seguir apostando por el coche eléctrico o mejorar los diésel?

Para trayectos urbanos y flotas ligeras el coche eléctrico es la mejor opción hoy y lo sería más con una red 100 % limpia. Fuente: Pixabay

La movilidad sostenible plantea hoy uno de los dilemas más complejos: ¿deberíamos volcar todos nuestros esfuerzos en los vehículos eléctricos (VE), o conviene también invertir en motores diésel mucho más eficientes? No hay respuestas simples, pero sí hechos que nos obligan a reflexionar.

El coche eléctrico: promesas y realidad

Los VE ofrecen ventajas significativas respecto a los motores de combustión. Según la European Environment Agency (EEA), en Europa un coche eléctrico típico emite entre un 17 % y 30 % menos gases de efecto invernadero (GEI) que uno de gasolina o diésel equivalente. Sin embargo, estos datos varían mucho según el origen de la electricidad. En países donde la red opera con carbón o gas, la ventaja se reduce.
La producción de electricidad también está mejorando. Según datos recientes, en 2024 la Unión Europea generó cerca de un 74 % de su energía eléctrica sin emisiones directas de CO₂, gracias al crecimiento de renovables y nuclear.
De este modo, los VE se vuelven cada vez más “verdes” con la mejora de la red eléctrica. Aun así, no solucionan otros retos: infraestructura de carga, fabricación de baterías, autonomía, reciclaje y consumo de minerales.

¿Y los diésel? Más allá del viejo estigma

Los motores diésel han sido objeto de críticas por emisiones y calidad del aire, pero hoy la tecnología ha avanzado. Modelos modernos logran consumos muy bajos y emisiones de NOx o partículas mejor tratadas. Además, si se combinan con biocombustibles o aceites vegetales reciclados, la huella puede reducirse considerablemente.
El reto es que, aunque el diésel “limpio” puede ser más realista a corto plazo, no es una solución final para la neutralidad de carbono. Uno de los problemas sigue siendo que su eficiencia térmica (relación energía útil vs energía consumida) se queda lejos de la de un motor eléctrico.

¿Qué camino tomar, entonces?

No se trata de elegir blanco o negro. Un enfoque más pragmático es:

  • Para trayectos urbanos y flotas ligeras → el coche eléctrico es la mejor opción hoy y lo será más con una red 100 % limpia.
  • Para transporte pesado, flotas logísticas y zonas con infraestructura limitada → mejorar el diésel, introducir biocombustibles y mantener eficiencia es una vía complementaria.
  • En todos los casos → la clave estará en el origen energético, la eficiencia global del sistema y la trazabilidad del combustible usado.

Si la electricidad procede de fuentes limpias, el VE gana claramente. Pero si la red sigue dependiendo de combustibles fósiles, entre el diésel “híbrido” y el vehículo eléctrico no habrá tanta diferencia. Por eso, conviene apostar por la eficiencia del motor y por una red eléctrica renovable.
En resumen: no basta con cambiar de coche. Hay que mirar el sistema completo —motor, fuente de energía, infraestructura, residuos— si realmente queremos avanzar hacia una movilidad sostenible.